Soy un sábado de verano

Soy un sábado de verano

Hay una sensación que me visita de vez en cuando y que no sé muy bien cómo explicar.

No es nostalgia exactamente.
Es algo más físico. Más urgente.

Es sentir, por un instante, esa mañana de sábado de verano en mi niñez. El jardín. La luz de antes de las diez. El tiempo sin forma. La certeza absoluta de que el día era infinito.

No recuerdo qué hacía.
Recuerdo cómo me sentía.

Libre de una manera que entonces no sabía nombrar porque era lo único que conocía.

Y entonces pasa algo raro: en lugar de quedarme en ese recuerdo con melancolía, siento una especie de hambre. Una urgencia. Como si la niña que fui me estuviera diciendo algo muy claro desde ahí: oye, esto que sentías, esto que eras, todavía existe. Solo tienes que escucharla.

Durante muchos años pensé que esa sensación se había perdido para siempre. Que era cosa de la infancia. Que crecer significaba dejar atrás esa ligereza.

Pero no.

Lo que descubrí es que esa sensación no se fue. Solo cambió de forma.

Ahora la encuentro allá donde habito sin prisa.

Ya no soy aquella niña en el jardín.

Soy algo diferente, algo que ella no podía imaginar todavía:

 Ahora soy una turista de la vida.

PD: Cuando esa sensación me visita, ya no siento nostalgia. Siento la certeza de que por ahí voy bien.

Back to blog